sábado, 4 de julio de 2026

VENDEDORA DE FLORES (PROVERBIOS 31:10)

 



Llamó mucho la atención de ambos una vendedora infantil de flores…

Él decidió entonces comprarle y obsequiarle una de ellas a su querida.

Aquella noche fue especial para ella. No solo guardaría uno de sus más bellos recuerdos —una hermosa flor entregada por su amado amante—, sino que, desde ese día, ella evaluó alto el trabajo infantil poco visto en su ciudad de origen. Una bella rosa roja fue el obsequio de él…

Ya de regreso en su nativa ciudad, ella decidió prolongar la belleza de aquella solitaria flor comprada a una niña mestiza de unos doce años, iba laborando en la calle por lo menos ocho.

Se dejaba ver una linda púber sin infancia pacífica y, tal vez más tarde, sin adolescencia, asumiendo el rol maduro de cada uno de sus protervos padres, a quienes les llevaría su dinero honrado. Tal vez ese dinero legítimo tendrá por objetivo alimentar el vicio de sus padres; tal vez esos dólares sudados le eviten un castigo sangriento paternal; tal vez es huérfana e independiente; tal vez es hija única de madre soltera inhabilitada totalmente.

¿Quién quiere o querrá saber de ella?

¿Habrá alguien destinado a salvarla?

¿A quién le interesará rescatarla y ubicarla en los pupitres del aprendizaje?…

¿Le importará ella a Dios?

¿Por qué su Virgen María, a quien todos los días le pide arrodillada su protección, no la premia con la escuela y un alimento sin explotación infantil? ¿Por qué la vida y Jesús le ponen condiciones a esa temprana mujer de la calle…? ¿Qué, por agarrar alientos en el tiempo? ¿Para alargar la vida de sus padres o de sus explotadores?…

Ella no tenía duda: aquellos pétalos los secaría en el interior del libro, compañero de sus noches… Buscó Proverbios 31:10 y reposó ahí a esa grata y reflexiva alegría de una tarde escondida de amor…

Al fin hubo alguien quien sí valoró el trabajo pueril de la vendedora de flores… Ella sí llevó aquel mensaje rojizo a su Sagrada Biblia, donde se encuentra el buen vivir y la justicia…

¿Escucharía su Dios a la flor? 


Escritor: Franz Alberto Merino Dávila

viernes, 19 de junio de 2026

LILITH Y ASMODEO

 


LILITH Y ASMODEO

Gracias por leerme, ahora visitarás la sombra de tu cabecera, atrévete a pisarla como arcángel.

Cierra tus ojos y enfrenta a esa silueta súcubo que intentas evadir con culpa.

Notarás un número diferente en tu rol de identidad… no tengas miedo nocturno.

Deja que esa vergüenza sexual viva por un instante… no frenes a ese rostro delirium.

La psicodelia intermitente y tus cinco sentidos están liberados en decúbito supino.

Tu pasión está latiendo como el ave cazando en el abismo de lava.

Cierra la puerta y explora en tu pecaminosa escala del inconsciente.

Tienes lo que desea el infra de tu piel, controlado y aquí amenazado.

Es tu noche sin tapujos, entrégate: sin alcohol ni drogas ni el ¡no quiero!

Pon tus labios donde te provoque y tus dedos y tus manos…

La concupiscencia no solo está en la velocidad sin ritmo,

está en la subida, ansiosamente más en la caída del final movimiento.

Ahora enfrenta cada noche lo vivido aunque nunca sabrás su nombre;

hasta que ese limo sea borrado por un novelesco recuerdo.

¡Fue un demonio!

Alucinación hipnagógica que te sacó sudor… te poseyó y su rostro te engañó.

Y pensaste exhalando el pánico de la libido: ¡¿por qué soñé eso?!

Es tu lado omnisexual, déjalo ahí como un gesto impensado en público.

Sobrio lo evitarías, pero pasó en esa nítida dimensión de Freud, ¡claro que pasó!

Lo leíste como prosa incómoda, imposible de borrar en tu esfera secreta.

Menguará solito cada vez que te visite y respire en tu oreja con sus cuernos.

Déjalo ahí, déjalo actuar sin Jung, y tu psique dejará ir a esa sonrisa de madera podrida.

¡Te asusta, pero nunca llegará a diez repetirse el recuerdo de Asmodeo, Lilith o el tuyo!

Se abren tus ojos y rechazas con ahínco ese horror usando la razón o tocando tu rosario…

Tu vida por estas veinticuatro horas será lúcida y amorosa.

Eres bueno.

Abre la puerta y camina hacia tu piano…

 

Franz Alberto Merino Dávila

2026


domingo, 24 de mayo de 2026

¿QUÉ SIENTE EL POETA CUANDO ESCRIBE?

 


¿QUÉ SIENTE EL POETA CUANDO ESCRIBE?


¿Se han preguntado qué siente el poeta contemporáneo cuando escribe?

No hay cuerpo, no hay nada; hay una intuición traviesa escribiendo pequeños errores.

Jugando con palabras, vocales, gerundios y tildes; verbos sin corchetes de refugio.

¡Todo es loco, sin camisa de fuerza!

¡No hay coherencia!


Es un juego de ideas como espermatozoides dentro del laberinto mental,

luchando sin líquido seminal por llegar a ser filtradas por el poeta…

Se calman las frases. Se enojan. Se detienen. Se espantan.

No hay encadenamiento.

Otras veces empiezan, se aman, retroceden; las palabras se mueven.

Todas desean llegar al marsupio que guarda el secreto…


Como es afuera, es adentro, y más adentro de tus ojos.

Hay nacimientos sin sangrado y muertes sin balas;

conceptos borrados, significados tachados, marcas en “u” y correcciones…

No hay bebé bonito, solo masilla de monstruo sin ojos en la génesis…


La despistada es ritual; más si alguien llama… o me sorprende otro caos.

A veces toca levantarse para relajarse, como si hubieras sido golpeado;

en el reparto, te sientes estúpido por la brutalidad de tu error gramatical.

Y qué decir de la desesperación por ver nacer perfecto a tu consecuente poema;

ansiedad pura que no enferma: trasnocha sin frío anestésico.


Te sientes carnívoro experto con el arco y la flecha, siendo un tierno mamífero de mamá…

No urge coordinar, pero existe algo en tu interior que te corrige:

es mágico y te sientes guiado hacia un destino volitivo impensado.

Y, cuando llegas al contenido, meditas y te interrogas: “¿Esto hice yo?”.

Y lloras sin apenas limpiarte, si es de amor… si ríes, no te importa nada.


Y cuando viene la frustración: ¿adjetivo antes o después?

Y cuidado si viene la ira y percibes reiniciarlo todo;

de pronto nace algo nuevo y el título cambió.

¡Ya no sé qué hacer aquí! ¡Me desespero!

¿No sé qué pulir? ¡Ya no me gusta! ¡Me entorpezco!

¿No sé qué hago escribiendo esto? Si mañana terminaré leyéndolo solo.


Que se vaya a la mierda todo… ¡No sé! Tan pocos internautas y tan poco gusto por las letras.

Ahí que quede, ni siquiera me pagan... Tú, que me esperas, no critiques sin amor.

Por la cultura del “todo gratis”, quieres que te lleve a volar hacia tu famosa ilusión;

obtener el colmillo del elefante como regalo, sin sudor ni culpa tormentosa.


Que todo y todos se vayan a su pozo de vergüenza o se autoflagelen como castigo.

Me irrita que hasta cierta traición sea inspiración sin delito en este safari del lector.

En esta existencia impaga, que rompa la rima el Diablo, que lo desarrolle todo y no solo mi parte.


La verdad es que soy un pésimo poeta, y egocéntrico como bola en tu ruleta.

Al final, no hay creación perfecta… No se enamoren de un poeta;

tampoco de mí; soy conveniencias secretas, cual estudiante del bolsillo de Chaplin.

Punto final a la hiperplasia de este travieso y prejuicio modelado.


Autor: Franz Alberto Merino Dávila 

lunes, 30 de marzo de 2026

LAS MANOS: UNA SEÑAL, UN POEMA Y EL DECIMAL

 


LAS MANOS: UNA SEÑAL, UN POEMA Y EL DECIMAL

El pulgar es el único que puede tocar a sus otros rostros;
lo hace incluso en descanso.
En su patinaje corta la estela del calor
y raya el hielo escudando la forma.

Mano disruptiva: como segundo cerebro para el bien y el mal.
Danza con cualquier música y coordina con maestría,
como los campeones olímpicos del esquí, sin hacerse daño.
El meñique y el índice son íntimos amigos,
aun siendo los más distantes.
Los cinco son unidad y el pulgar es su semidiós...
(me repugna su uso en cualquier guerra).

Haz danzar tu mano, lector: empieza por la derecha y sus dedos...
Movimientos sagrados que festejará tu izquierda,
hasta que ambas, en diez constelaciones, se aplaudan en una.
Las manos son danza para ti, para el público y para tu Creador...
para tu poeta, tu músico preferido, tu amigo,
para tu palma familiar y tu campeón.

Para mí: lo que lees y, como el bajo musical, da mi ritmo eterno.
Las líneas astrológicas, madurando como fruta sin temporada,
me alertan con chasquido que disfrute mis manos antes de partir.
Nuestras manos son delatoras: dan amor y lo reciben; vibran.

Mis dedos lo afirman sin acusar, como deidad,
y lo firman en los pliegues destinados de su monte desértico migrante,
antes de llevarlos, pensando en el hambre,
al flamenco de mis ojos emocionados.

Tócame, huéleme y léeme... sin visa ni el sello del amén.

Franz Alberto Merino Dávila
Poeta y escritor ecuatoriano
29 de marzo de 2026
Este poema fue escrito por el autor mientras observaba de soslayo el Campeonato Mundial ISU (Campeonato Mundial de Patinaje Artístico sobre Hielo).


viernes, 20 de febrero de 2026

LA CARTA TIENE AROMA

 


LA CARTA TIENE AROMA

 

Antes, tipeaba mis cartas con la máquina familiar Adler Gabriele 25.

Llevaba siempre el tono rojo el título de mi poema para usted.

Con la tonalidad negra expresaba mis sentimientos, que abrazaban mis penurias.

Irrigadas mis mejillas, pidiéndole me absuelva con su perdón, regrese mi alegría junto a usted.

 

Ahora, los memes vinieron a reemplazar esos románticos retorcijones de pareja; dicen el sentir,

pero vienen sin la fuerza propia del corazón desdichado.

¡Cómo quisiera que regrese esa práctica tan sincera de escribir o tipear cartas con huellas y manchas!

Sin engaño la enviaba, como caballo de Troya, escondiendo mis lágrimas sometidas de iluso…

 

Exquisito si usted, mi amada, deseaba continuar caminando por mis calles.

De rodillas caía si la carta regresaba perfectamente doblada y grapada, trayendo:

la última oportunidad, la definitiva, el aroma preferido, el aceite de sus dedos

y el carmesí de su boca en el papel bond varias veces leído, y sobre mi firma manual.

 

La puerta de su casa la abría… volvía a olfatear sus tablas y a mirar la voz de su flamenco.

 

Franz Alberto Merino Dávila

Poeta y escritor ecuatoriano

 Febrero - 2026