domingo, 24 de mayo de 2026

¿QUÉ SIENTE EL POETA CUANDO ESCRIBE?

 


¿QUÉ SIENTE EL POETA CUANDO ESCRIBE?


¿Se han preguntado qué siente el poeta contemporáneo cuando escribe?

No hay cuerpo, no hay nada; hay una intuición traviesa escribiendo pequeños errores.

Jugando con palabras, vocales, gerundios y tildes; verbos sin corchetes de refugio.

¡Todo es loco, sin camisa de fuerza!

¡No hay coherencia!


Es un juego de ideas como espermatozoides dentro del laberinto mental,

luchando sin líquido seminal por llegar a ser filtradas por el poeta…

Se calman las frases. Se enojan. Se detienen. Se espantan.

No hay encadenamiento.

Otras veces empiezan, se aman, retroceden; las palabras se mueven.

Todas desean llegar al marsupio que guarda el secreto…


Como es afuera, es adentro, y más adentro de tus ojos.

Hay nacimientos sin sangrado y muertes sin balas;

conceptos borrados, significados tachados, marcas en “u” y correcciones…

No hay bebé bonito, solo masilla de monstruo sin ojos en la génesis…


La despistada es ritual; más si alguien llama… o me sorprende otro caos.

A veces toca levantarse para relajarse, como si hubieras sido golpeado;

en el reparto, te sientes estúpido por la brutalidad de tu error gramatical.

Y qué decir de la desesperación por ver nacer perfecto a tu consecuente poema;

ansiedad pura que no enferma: trasnocha sin frío anestésico.


Te sientes carnívoro experto con el arco y la flecha, siendo un tierno mamífero de mamá…

No urge coordinar, pero existe algo en tu interior que te corrige:

es mágico y te sientes guiado hacia un destino volitivo impensado.

Y, cuando llegas al contenido, meditas y te interrogas: “¿Esto hice yo?”.

Y lloras sin apenas limpiarte, si es de amor… si ríes, no te importa nada.


Y cuando viene la frustración: ¿adjetivo antes o después?

Y cuidado si viene la ira y percibes reiniciarlo todo;

de pronto nace algo nuevo y el título cambió.

¡Ya no sé qué hacer aquí! ¡Me desespero!

¿No sé qué pulir? ¡Ya no me gusta! ¡Me entorpezco!

¿No sé qué hago escribiendo esto? Si mañana terminaré leyéndolo solo.


Que se vaya a la mierda todo… ¡No sé! Tan pocos internautas y tan poco gusto por las letras.

Ahí que quede, ni siquiera me pagan... Tú, que me esperas, no critiques sin amor.

Por la cultura del “todo gratis”, quieres que te lleve a volar hacia tu famosa ilusión;

obtener el colmillo del elefante como regalo, sin sudor ni culpa tormentosa.


Que todo y todos se vayan a su pozo de vergüenza o se autoflagelen como castigo.

Me irrita que hasta cierta traición sea inspiración sin delito en este safari del lector.

En esta existencia impaga, que rompa la rima el Diablo, que lo desarrolle todo y no solo mi parte.


La verdad es que soy un pésimo poeta, y egocéntrico como bola en tu ruleta.

Al final, no hay creación perfecta… No se enamoren de un poeta;

tampoco de mí; soy conveniencias secretas, cual estudiante del bolsillo de Chaplin.

Punto final a la hiperplasia de este travieso y prejuicio modelado.


Autor: Franz Alberto Merino Dávila