Llamó mucho la atención de ambos una vendedora infantil de
flores…
Él decidió entonces comprarle y obsequiarle una de ellas a
su querida.
Aquella noche fue especial para ella. No solo guardaría uno
de sus más bellos recuerdos —una hermosa flor entregada por su amado amante—,
sino que, desde ese día, ella evaluó alto el trabajo infantil poco visto en su
ciudad de origen. Una bella rosa roja fue el obsequio de él…
Ya de regreso en su nativa ciudad, ella decidió prolongar la
belleza de aquella solitaria flor comprada a una niña mestiza de unos doce
años, iba laborando en la calle por lo menos ocho.
Se dejaba ver una linda púber sin infancia pacífica y, tal
vez más tarde, sin adolescencia, asumiendo el rol maduro de cada uno de sus
protervos padres, a quienes les llevaría su dinero honrado. Tal vez ese dinero
legítimo tendrá por objetivo alimentar el vicio de sus padres; tal vez esos
dólares sudados le eviten un castigo sangriento paternal; tal vez es huérfana e
independiente; tal vez es hija única de madre soltera inhabilitada totalmente.
¿Quién quiere o querrá saber de ella?
¿Habrá alguien destinado a salvarla?
¿A quién le interesará rescatarla y ubicarla en los pupitres
del aprendizaje?…
¿Le importará ella a Dios?
¿Por qué su Virgen María, a quien todos los días le pide
arrodillada su protección, no la premia con la escuela y un alimento sin
explotación infantil? ¿Por qué la vida y Jesús le ponen condiciones a esa temprana
mujer de la calle…? ¿Qué, por agarrar alientos en el tiempo? ¿Para alargar la
vida de sus padres o de sus explotadores?…
Ella no tenía duda: aquellos pétalos los secaría en el
interior del libro, compañero de sus noches… Buscó Proverbios 31:10 y reposó
ahí a esa grata y reflexiva alegría de una tarde escondida de amor…
Al fin hubo alguien quien sí valoró el trabajo pueril de la vendedora
de flores… Ella sí llevó aquel mensaje rojizo a su Sagrada Biblia, donde se
encuentra el buen vivir y la justicia…
¿Escucharía su Dios a la flor?
Escritor: Franz Alberto Merino Dávila














