Me hice inolvidable aun sin recorrerte.
Franz Alberto Merino Dávila
2026
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EL AMANTE DE LA TARDE
Minutos
antes de la soledad extrema de las tres de la tarde.
Y, siempre,
estoy activado para un abandono.
Tengo preguntas
y sé las respuestas; me abrumo.
Cada día es
una elección: sigo o algún anillo de Alighieri.
¿Qué
aprendo?
A sostener el plomo de la propia sombra sin pedirle permiso
a la costumbre.
El aire pesa lo mismo que la culpa de no haberme marchado
antes,
pero sigo aquí como condena…
Hurgando en la herida con precisión del cansado cardiólogo,
sin respirar,
midiendo esa gran distancia
entre lo que duele y lo que intenta salvar.
Desgarro en esa piel del sur… y no es en el cielo.
Somos… sin esa honrosa lápida de nubes negras lojanas.
Franz Alberto Merino D'Ávila
En una noche septembrina lojana se cerró ese telón 2026
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MENTE Y CORAZÓN
Y seguía viviendo en un mundo de espera con su
alarma activada,
como si la felicidad exclusiva e incluyente que
tuvo retornase como bumerán.
Respiraba al ritmo de sus amadas flechas que
atravesaban otros relojes de Dalí.
Los movimientos de su cuerpo eran danza sin
aprendida rutina, eran de locura de poeta.
Y el tiempo vivo se confundía con el espacio roto
que su corazón le quitaba a su cabeza.
Su paciencia competía con su carrera: abandona
las sedentarias, intenta en otras esferas.
Años caminando y saboreando el atezado silencio…
Franz Alberto Merino Dávila
Loja - 2026
(P.D. La imagen es creada con IA)
Llamó mucho la atención de ambos una vendedora infantil de
flores…
Él decidió entonces comprarle y obsequiarle una de ellas a
su querida.
Aquella noche fue especial para ella. No solo guardaría uno
de sus más bellos recuerdos —una hermosa flor entregada por su amado amante—,
sino que, desde ese día, ella evaluó alto el trabajo infantil poco visto en su
ciudad de origen. Una bella rosa roja fue el obsequio de él…
Ya de regreso en su nativa ciudad, ella decidió prolongar la
belleza de aquella solitaria flor comprada a una niña mestiza de unos doce
años, iba laborando en la calle por lo menos ocho.
Se dejaba ver una linda púber sin infancia pacífica y, tal
vez más tarde, sin adolescencia, asumiendo el rol maduro de cada uno de sus
protervos padres, a quienes les llevaría su dinero honrado. Tal vez ese dinero
legítimo tendrá por objetivo alimentar el vicio de sus padres; tal vez esos
dólares sudados le eviten un castigo sangriento paternal; tal vez es huérfana e
independiente; tal vez es hija única de madre soltera inhabilitada totalmente.
¿Quién quiere o querrá saber de ella?
¿Habrá alguien destinado a salvarla?
¿A quién le interesará rescatarla y ubicarla en los pupitres
del aprendizaje?…
¿Le importará ella a Dios?
¿Por qué su Virgen María, a quien todos los días le pide
arrodillada su protección, no la premia con la escuela y un alimento sin
explotación infantil? ¿Por qué la vida y Jesús le ponen condiciones a esa temprana
mujer de la calle…? ¿Qué, por agarrar alientos en el tiempo? ¿Para alargar la
vida de sus padres o de sus explotadores?…
Ella no tenía duda: aquellos pétalos los secaría en el
interior del libro, compañero de sus noches… Buscó Proverbios 31:10 y reposó
ahí a esa grata y reflexiva alegría de una tarde escondida de amor…
Al fin hubo alguien quien sí valoró el trabajo pueril de la vendedora
de flores… Ella sí llevó aquel mensaje rojizo a su Sagrada Biblia, donde se
encuentra el buen vivir y la justicia…
¿Escucharía su Dios a la flor?
Escritor: Franz Alberto Merino Dávila
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LILITH Y ASMODEO
Gracias por leerme, ahora visitarás la sombra de tu
cabecera, atrévete a pisarla como arcángel.
Cierra tus ojos y enfrenta a esa silueta súcubo que
intentas evadir con culpa.
Notarás un número diferente en tu rol de identidad… no
tengas miedo nocturno.
Deja que esa vergüenza sexual viva por un instante… no
frenes a ese rostro delirium.
La psicodelia intermitente y tus cinco sentidos están
liberados en decúbito supino.
Tu pasión está latiendo como el ave cazando en el
abismo de lava.
Cierra la puerta y explora en tu pecaminosa escala del
inconsciente.
Tienes lo que desea el infra de tu piel, controlado y
aquí amenazado.
Es tu noche sin tapujos, entrégate: sin alcohol ni
drogas ni el ¡no quiero!
Pon tus labios donde te provoque y tus dedos y tus
manos…
La concupiscencia no solo está en la velocidad sin
ritmo,
está en la subida, ansiosamente más en la caída del
final movimiento.
Ahora enfrenta cada noche lo vivido aunque nunca
sabrás su nombre;
hasta que ese limo sea borrado por un novelesco recuerdo.
¡Fue un demonio!
Alucinación hipnagógica que te sacó sudor… te poseyó y
su rostro te engañó.
Y pensaste exhalando el pánico de la libido: ¡¿por qué
soñé eso?!
Es tu lado omnisexual, déjalo ahí como un gesto
impensado en público.
Sobrio lo evitarías, pero pasó en esa nítida dimensión
de Freud, ¡claro que pasó!
Lo leíste como prosa incómoda, imposible de borrar en
tu esfera secreta.
Menguará solito cada vez que te visite y respire en tu
oreja con sus cuernos.
Déjalo ahí, déjalo actuar sin Jung, y tu psique dejará
ir a esa sonrisa de madera podrida.
¡Te asusta, pero nunca llegará a diez repetirse el
recuerdo de Asmodeo, Lilith o el tuyo!
Se abren tus ojos y rechazas con ahínco ese horror
usando la razón o tocando tu rosario…
Tu vida por estas veinticuatro horas será lúcida y
amorosa.
Eres bueno.
Abre la puerta y camina hacia tu piano…
Franz Alberto Merino Dávila
2026
¿QUÉ SIENTE EL POETA CUANDO ESCRIBE?
¿Se han preguntado qué siente el poeta contemporáneo cuando escribe?
No hay cuerpo, no hay nada; hay una intuición traviesa escribiendo pequeños errores.
Jugando con palabras, vocales, gerundios y tildes; verbos sin corchetes de refugio.
¡Todo es loco, sin camisa de fuerza!
¡No hay coherencia!
Es un juego de ideas como espermatozoides dentro del laberinto mental,
luchando sin líquido seminal por llegar a ser filtradas por el poeta…
Se calman las frases. Se enojan. Se detienen. Se espantan.
No hay encadenamiento.
Otras veces empiezan, se aman, retroceden; las palabras se mueven.
Todas desean llegar al marsupio que guarda el secreto…
Como es afuera, es adentro, y más adentro de tus ojos.
Hay nacimientos sin sangrado y muertes sin balas;
conceptos borrados, significados tachados, marcas en “u” y correcciones…
No hay bebé bonito, solo masilla de monstruo sin ojos en la génesis…
La despistada es ritual; más si alguien llama… o me sorprende otro caos.
A veces toca levantarse para relajarse, como si hubieras sido golpeado;
en el reparto, te sientes estúpido por la brutalidad de tu error gramatical.
Y qué decir de la desesperación por ver nacer perfecto a tu consecuente poema;
ansiedad pura que no enferma: trasnocha sin frío anestésico.
Te sientes carnívoro experto con el arco y la flecha, siendo un tierno mamífero de mamá…
No urge coordinar, pero existe algo en tu interior que te corrige:
es mágico y te sientes guiado hacia un destino volitivo impensado.
Y, cuando llegas al contenido, meditas y te interrogas: “¿Esto hice yo?”.
Y lloras sin apenas limpiarte, si es de amor… si ríes, no te importa nada.
Y cuando viene la frustración: ¿adjetivo antes o después?
Y cuidado si viene la ira y percibes reiniciarlo todo;
de pronto nace algo nuevo y el título cambió.
¡Ya no sé qué hacer aquí! ¡Me desespero!
¿No sé qué pulir? ¡Ya no me gusta! ¡Me entorpezco!
¿No sé qué hago escribiendo esto? Si mañana terminaré leyéndolo solo.
Que se vaya a la mierda todo… ¡No sé! Tan pocos internautas y tan poco gusto por las letras.
Ahí que quede, ni siquiera me pagan... Tú, que me esperas, no critiques sin amor.
Por la cultura del “todo gratis”, quieres que te lleve a volar hacia tu famosa ilusión;
obtener el colmillo del elefante como regalo, sin sudor ni culpa tormentosa.
Que todo y todos se vayan a su pozo de vergüenza o se autoflagelen como castigo.
Me irrita que hasta cierta traición sea inspiración sin delito en este safari del lector.
En esta existencia impaga, que rompa la rima el Diablo, que lo desarrolle todo y no solo mi parte.
La verdad es que soy un pésimo poeta, y egocéntrico como bola en tu ruleta.
Al final, no hay creación perfecta… No se enamoren de un poeta;
tampoco de mí; soy conveniencias secretas, cual estudiante del bolsillo de Chaplin.
Punto final a la hiperplasia de este travieso y prejuicio modelado.
Autor: Franz Alberto Merino Dávila
LAS MANOS: UNA SEÑAL,
UN POEMA Y EL DECIMAL
El pulgar es el único que puede tocar a sus otros rostros;
lo hace incluso en descanso.
En su patinaje corta la estela del calor
y raya el hielo escudando la forma.
Mano disruptiva: como segundo cerebro para el bien y el mal.
Danza con cualquier música y coordina con maestría,
como los campeones olímpicos del esquí, sin hacerse daño.
El meñique y el índice son íntimos amigos,
aun siendo los más distantes.
Los cinco son unidad y el pulgar es su semidiós...
(me repugna su uso en cualquier guerra).
Haz danzar tu mano, lector: empieza por la derecha y sus dedos...
Movimientos sagrados que festejará tu izquierda,
hasta que ambas, en diez constelaciones, se aplaudan en una.
Las manos son danza para ti, para el público y para tu Creador...
para tu poeta, tu músico preferido, tu amigo,
para tu palma familiar y tu campeón.
Para mí: lo que lees y, como el bajo musical, da mi ritmo eterno.
Las líneas astrológicas, madurando como fruta sin temporada,
me alertan con chasquido que disfrute mis manos antes de partir.
Nuestras manos son delatoras: dan amor y lo reciben; vibran.
Mis dedos lo afirman sin acusar, como deidad,
y lo firman en los pliegues destinados de su monte desértico migrante,
antes de llevarlos, pensando en el hambre,
al flamenco de mis ojos emocionados.
Tócame, huéleme y léeme... sin visa ni el sello del amén.
Franz Alberto Merino Dávila
Poeta y escritor ecuatoriano
29 de marzo de 2026
Este poema fue escrito por el autor mientras observaba de soslayo el Campeonato
Mundial ISU (Campeonato Mundial de Patinaje Artístico sobre Hielo).
LA CARTA TIENE AROMA
Antes, tipeaba mis cartas con la máquina familiar Adler Gabriele 25.
Llevaba siempre el tono rojo el título de mi poema para usted.
Con la tonalidad negra expresaba mis sentimientos, que abrazaban mis
penurias.
Irrigadas mis mejillas, pidiéndole me absuelva con su perdón, regrese mi
alegría junto a usted.
Ahora, los memes vinieron a reemplazar esos románticos retorcijones de
pareja; dicen el sentir,
pero vienen sin la fuerza propia del corazón desdichado.
¡Cómo quisiera que regrese esa práctica tan sincera de escribir o tipear
cartas con huellas y manchas!
Sin engaño la enviaba, como caballo de Troya, escondiendo mis lágrimas
sometidas de iluso…
Exquisito si usted, mi amada, deseaba continuar caminando por mis
calles.
De rodillas caía si la carta regresaba perfectamente doblada y grapada,
trayendo:
la última oportunidad, la definitiva, el aroma preferido, el aceite de
sus dedos
y el carmesí de su boca en el papel bond varias veces leído, y sobre mi
firma manual.
La puerta de su casa la abría… volvía a olfatear sus tablas y a mirar la
voz de su flamenco.
Franz Alberto Merino Dávila
Poeta y escritor ecuatoriano
Febrero - 2026
¿QUÉ HARÁS CON TU DOLOR?
El dolor no se borra, se TRANSFORMA.
Presentamos la obra que te enseña a hacerlo: OCTALEXU y su Catarsis en la Silla Vacía.
“El trauma como fuego para la antorcha del alma.”
Esta obra es el primer paso. Es el combustible que necesitas para encender la luz de tu consciencia.
Tu voz merece ser liberada. Adquiere el libro que te guía a tu Restitución del Ser.
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¿Cansado de que el dolor pasado siga definiendo tu presente? El trauma no es una sentencia, es combustible.
Presentamos OCTALEXU y su Catarsis en la Silla
Vacía, la obra literaria que fusiona el arte con la Psicología Gestáltica
para iniciar tu proceso de liberación emocional.
Lo que la obra te enseña:
·
A usar la Literapia
para externalizar el dolor.
·
El camino hacia el Autoperdón
Radical.
·
Cómo transformar la
debilidad en la enseñanza de tu propia fuerza.
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metodología: “Donde la voz se libera y el Ser se restituye”.
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POESÍA
HECHA CALOR
Ella,
amiga íntima, musa de luz, me abraza con su poesía hecha calor.
Me
complace escribirle en privado, donde el verbo se desnuda sin testigos.
Esperada
como lluvia de inicio de temporada, su visita renace mi prosa libre.
Luego,
su sensualidad me provoca a entregarle mis besos sin robarlos;
ahí
flota, como nube exclusiva, sin competencia en cielo azul;
Entonces
yo la envuelvo con mi abrazo: manto de pasión, lleno de amor.
Tuyo:
Franz Alberto Merino Dávila
Ecuador,
2025
REGRESÓ EL
POETA
No sé si me
robaste o me rescataste,
si me
ganaste, me entregaste o me compraste.
Tú, y ella,
consuelo para las dos
que aún me
dan luz y música.
Sigo
prisionero de sus celdas,
sin la
rabia de un juicio perdido, sin penitencia.
Jamás
podría definir su esencia,
su sudor;
hermosas diosas; ¡yo lo provoqué!
Sus
diferencias tejieron dos amores inmensos,
sin
desequilibrar la balanza de la Sagrada Dualidad.
Nunca cerré
los telones por respeto a mi corazón y al de ellas.
Soy
testigo. ¡Soy yo, y qué!
El
verdadero amor perdona sin crueldad,
incluso
cuando la espina hiere.
Yo también,
cuando me enfrío, me la quito.
Mi don: no
unirlas en un dulce batido de leche y mango,
sino
admirar a cada una,
oliendo la
incólume Sagrada Dualidad.
Aún respiro
ese amor en cada recuerdo, en este presente…
La
Divinidad me ordena ser cínico, conteniendo un amor que es Tuyo,
rompiendo
reglas como ceremonia de verdad.
Cinismo con
amor: ¡el puro, no el griego!
Lo que me
tocó, sin superar,
respirando
sin sábanas de romántica culpa.
En todo lo
que toco dejo amor, mis amores:
mis
recuerdos...
Mi pequeño
telón abierto,
como la
ventanilla de un avión con nubes,
siendo solo
un punto.
¡¿Ahora lo
comprendes?!
¿Ahora lo
entienden?
El
millonario brilla, sí, pero se apaga.
El poeta es
brillante, siempre…
Es destino
y categoría de la Santísima Dualidad.
No hay más.
Amor
consagrado, no mío; lo planeó el Altísimo.
Soy el
poeta respirando intermitente: ¡paz!
Acompañándome,
como es costumbre, mi celosa computadora… y,
¡ese vaso!
Firmo:
Franz Alberto Merino Dávila.
Ecuador, 2025
¡ENTREGA!
Me he entregado tanto
a ti, mujer…
Si me pateas en el
piso,
apenas me levante
seguiré amándote
y abriré mis brazos…
como la cruz del
sacrificio.
Todo por amor.
Generando llama
invencible…
Dándote agua para
beber de mi corazón,
te daré más
fuerza para que me apagues…
¡No podrás!
Mis sentimientos
deambularán como hiedras en ti…
Mis raíces… ¡no se
queman!
¡Quedo!
¡Quedas!
Franz Alberto Merino Dávila
Poeta, escribiendo mi génesis que vibra.
夠了,夠了! ……
請別再揮舞著刀光召喚我…
我的枕頭是斷頭台。
我的哭喊呼喚著陰影…
連我的睡眠也感到恐懼…
我渴望消逝…
並非詩歌的終結……而是肉體的終結……
夠了,夠了! ……
讓別人來寫我的詩句…
現在,我需要解脫…
我的鑰匙不再渴望我的手指…也不再渴望我的觸覺…
不再渴望色彩…不再渴望光線…
不再渴望陰影…
離開!
弗朗茨·阿爾貝托·梅里諾·達維拉
南美詩人、作家。
¿Se paga… sin pagar con dolor?
¿Acaso no hubo deuda en el antes?
¿Acaso no hay deuda en el devenir… y en su sufrir?
¿Acaso la víctima tiene algo que cobrar?
¿Acaso el victimario debe algo… si él fue un fin y no un inicio?
¿Acaso víctima y victimario no lo separa un cordón rojo del límite?
¿Acaso la justicia de un lado… es injusticia para el otro lado?
¿Tal vez la piedra que te dio Natura no es para destruir, sino para muralla?
¿Cómo se paga el sufrimiento… si
empezó con amor, mucho amor?
¿Buscando una lanza para matar en las redes sociales, entregada a la condena
social?
¿Cómo?
¿No es suficiente que el victimario
no pueda borrar de su mente el instante castigador?
Que cada momento despierto le recuerde ese gran error humano… con Dios.
¿¡Acaso la víctima solo busca quemarte!?… y luego piensa: “¿Cómo fue su
pasado?”
Mejor lo perdono… porque el resto de mi vida me trae sorpresas, juicios y dolor
que ocasionaré.
Quizá no hay deuda, tampoco nada
que pagar…
Sino deudas transgeneracionales del cromosoma X… y del cromosoma Y.
Solo son espejos de dolor, no para romper… sino para dar la espalda, volver… y
sanar.
Rememorar y escribir tu historia… verdugo… agredido... ¡romper no borra, suma!
Y seguir con esa hoja en blanco que Dios da: escribir.
¡Eres víctima… yo también!
¡Víctimas y victimarios! ¡Los dos! ¡Siempre!
Y todo… con la gracia del Gran Ojo, la realidad Divina Dual.
Y el libro que contiene tu historia… la de los dos…
Víctima y victimario… sin arrogancia.
¡Nadie sin pagar, al final!
La víctima… buscando justicia.
El victimario… sin conciencia, también.
Viviendo a tu Dios… a mi Diosa… sin juzgarlos. Los dos.
Todo es un juego divino, no nuestro. ¡Rompecabezas!
En este mundo “al revés”…
¡No hay cura!
Hay ilusión del martillo.
¡No hay pago, ni cobro!
Tampoco pastilla… ni ampolla.
Nunca.
¡Sí, perdón!
¡Perdóname!
¡Perdonémoslos!
¡Muévete!
¡Y… auto perdón!
Otra grieta en algún lugar se
abrió…
¡No es tu culpa, tampoco tu pago!
Son cosas de tu evolución, de tu clan, de la voluntad de tu Dios.
¡No somos ciencia, no somos medibles!
¡Somos carne…!
¡No somos perfectos por ese dedo
del Edén!...
Los tres puntos suspensivos no son
para el escritor… ni para el lector…
Son para Él… ese derrame, de dolor
y culpa… ese canto…
Esos puntos…
Franz Alberto Merino Dávila
Poeta y escritor ecuatoriano
El problema de la amante es que no conoce el todo ni la
nada.
Yo lo tuve todo, y ahora no tengo nada.
La amante solo percibe el inicio de un final
y se cree el gran mármol de Carrara, deseando ser esculpida.
Y, capaz de moler con todo su peso el todo del traidor.
Pisa flores, nunca la tragedia.
El amado muere y se resiste en cada reconstrucción
inconcreta.
En un oído: un poema en construcción,
versos cargados de mentira,
adornados con la dulce traición.
En el otro:
la resistencia del olvido.
Un poema cayendo como papel de examen mal hecho,
con esfero y lápiz, juntos rotos, directo a la basura…
sin cicatrizar, expulsado de navidad y cumpleaños;
sin olvido del amoroso latido ni de la saliva... ni del
pañal.
Autor: Franz Alberto Merino Dávila
#franzmerino
Escritor y poeta guayaquileño-lojano.
¡Qué linda estás, Mireyita!
Han pasado los años, pero la amistad y complicidad siguen intactas.
¡Gracias por enviármela!
DENTRO DE ELLA NO HAY SALIDA
¿¡Alguna vez has entrado totalmente dentro de una mujer!? ¿¡No como huésped, sino como esclavo!?
Entrar en su cuerpo es como abrir el clóset y dejar colgado para siempre tu corazón y tus dinámicos latidos.
¿¡Has deseado tanto besarla que, cuando sucedió, te ahogaste respirando dentro de sus labios y le dejaste tu último suspiro!?
Tanta es la asfixia cuando uno ama que nuestras palabras caen en el abismo de su silencio sin importarnos el eco.
¡No importa!; si hay dolor para los dedos al quemarse recorriendo todo el mapa venoso de su sistema: ¡es nuestra estrella!
El amor por ella fraguó en mi memoria solo su impactante sonrisa y anuló las otras hermosas, sin pena.
Yo acaricio sus plumas, delineo sus formas y sus ojos: ¡es mi cisne blanco!
Su boca es sutil y bella; entrada a su lago, sin posibilidad de salida, una vez visto su tesoro nadando en su profundidad.
Franz Alberto Merino Dávila
2025
DIOS, LAS DOS Y
LOS DOS.
Llegaron con una sonrisa y una alegría cautivadora; eran luz
para la noche. Dios observaba. Dos hombres reiniciándose en la lucha, pero con
sus corazones rotos: uno buscaba estabilidad emocional, el otro intentaba olvidar;
ambos extrañaban, con sobrado cariño, su ayer familiar.
La hermana mayor de la deseada por el primero era una
ilusión para el segundo. Ambas, genuinas y bien criadas, estaban unidas más por
su luto paternal. Los dos estrenaban la camisa gris, hecha con el más pesado
hilo de plomo; su luto marital contenía incertidumbre.
Los caballeros ya compartían confidencias. Las damas solo
buscaban piedad, atención, amor y felicidad. Las dos se hacían tres, sumando a
su visible hermana: su profunda amistad.
Ellos no anhelaban una liberación superficial; buscaban
refugio en las cuevas del amor. Ansiaban nuevamente amar, poseer amantes
irremplazables: ¡hasta el final! La dignidad adornaba la hermosura de las dos.
Los galanes depredadores no desearon aquella noche seguir
robando corazones; ansiaban entregar los suyos. Permeaban exclusividad,
deseando ser amados para amar más allá del sudor.
Las copas llegaron con la seducción en sus formas. Brindis
pretendientes se cruzaron, y las miradas cautelosas revelaron el coqueteo.
Invencibles, las damas imponían su cortesía. Lo censurado no sucedió: cuatro
libres, sin excesos, mientras la noche intensa avanzaba.
Uno era independiente a la fuerza y sin enterarse, por un
ardid ejecutado desde la distancia. La dama esperaba la propuesta de aquel
luchador de vientos extranjeros y, ahora, de brisas tibias de temporada: las
cálidas costeñas guayaquileñas.
Cuatro protagonistas ensayaban una obra de teatro: un novel
renegado y un divorciado honesto, dos conquistadores natos, junto a las dos
hermosas damas consanguíneas. Escena en el primer acto, título del guion:
Vulnerabilidad. Segundo acto: mujeres bellas adornando una noche de melancolía
con alegría y copas, para ese par de anhelantes, ahora deseando vivir la gloria
dentro de ellas.
Los secretos aún no se develaban, mucho menos compartidos
con las novicias princesas del austro; solo eran de ellos. Uno desesperado,
pisando los cuarenta; el otro, resignado antes de sus cincuenta. Las dos
hembras profesionales solo buscaban seguridad, cuidado y amor cerca de sus
treinta.
¡Espléndidas deidades!
La dinámica de la seducción, las jóvenes radiantes,
exquisitamente la cuidaban. Las tensiones pedían una rosa libertad, pero no se
podía por su honor, aun siendo una noche mágica donde Dios observaba
discretamente.
Para una de ellas, era prohibido. Nada cambió más allá de
una delicada admiración que nació sutil. Pero entre el otro y la otra floreció
una ternura eterna, como una llama que nunca se apaga.
Al final, el amor triunfó en silencios profundos, sin
necesidad de gritar su victoria. En el rincón opuesto, la traición no emergió,
dejando intacta la confianza. Fue una historia de cuatro, pero solo dos
elegidos continuarán escribiéndola con promesas y sueños nuevos.
Bendita noche de gentileza, de propuestas y un “no puede
ser”. Dos adioses y una bienvenida “al profundo amor y a los proyectos”.
Así, más tarde, a dos manos los unieron los anillos de oro
sin sacerdote, y pronto vino su amoroso eslabón infantil. En los otros dos: un
cariñoso e inolvidable “adiós”.
Al final, Dios decidió. Buscó su “libro de los destinos”, el
libro de las buenas y abnegadas almas, donde el amor y el respeto eternos son.
No escribió razón, solo esta historia sin renombrarlos.
En el paisaje nocturno: dos mágicas mujeres, dos expertos
descubriéndolas; y el Mago Eterno cediendo y manifestando su auténtico amor
cual aurora boreal…
Con sus ojos tiernos, asintiendo con su divina sonrisa y
evitando más prefacio, el Creador decretó:
¡Merecen ser felices!
Franz Alberto Merino Dávila
P.D. Los nombres los ponen ustedes.
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#franzmerino.wordpress.com #franzmerino.blogspot.com #2025 @franzmerino #franzalbertomerinodavila
Viví paralizado durante tantos, tantísimos años.
Te amé, y ese amor fue tan inmenso, tan absoluto...
Eras mi oxígeno, mi amanecer más puro, el latido imprescindible en mi existir.
Pero me sentí— ¡oh, cómo sentí! —asfixiarme al
evocarte... al recordar esas caminatas tomados de las manos, ida y vuelta, aun en
los senderos más breves.
Gracias... gracias por tanto amor.
Nada en este vasto universo dura para siempre, ni
siquiera las galaxias.
Ahora, solo quedas en mí como el más bello y
luminoso de los recuerdos...
Necesito respirar.
¡Perdón!
¡Perdóname!
Debo seguir viviendo sin ti...
¿No sé, tú?
Franz Alberto Merino DÁvila
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