LILITH Y ASMODEO
Gracias por leerme, ahora visitarás la sombra de tu
cabecera, atrévete a pisarla como arcángel.
Cierra tus ojos y enfrenta a esa silueta súcubo que
intentas evadir con culpa.
Notarás un número diferente en tu rol de identidad… no
tengas miedo nocturno.
Deja que esa vergüenza sexual viva por un instante… no
frenes a ese rostro delirium.
La psicodelia intermitente y tus cinco sentidos están
liberados en decúbito supino.
Tu pasión está latiendo como el ave cazando en el
abismo de lava.
Cierra la puerta y explora en tu pecaminosa escala del
inconsciente.
Tienes lo que desea el infra de tu piel, controlado y
aquí amenazado.
Es tu noche sin tapujos, entrégate: sin alcohol ni
drogas ni el ¡no quiero!
Pon tus labios donde te provoque y tus dedos y tus
manos…
La concupiscencia no solo está en la velocidad sin
ritmo,
está en la subida, ansiosamente más en la caída del
final movimiento.
Ahora enfrenta cada noche lo vivido aunque nunca
sabrás su nombre;
hasta que ese limo sea borrado por un novelesco recuerdo.
¡Fue un demonio!
Alucinación hipnagógica que te sacó sudor… te poseyó y
su rostro te engañó.
Y pensaste exhalando el pánico de la libido: ¡¿por qué
soñé eso?!
Es tu lado omnisexual, déjalo ahí como un gesto
impensado en público.
Sobrio lo evitarías, pero pasó en esa nítida dimensión
de Freud, ¡claro que pasó!
Lo leíste como prosa incómoda, imposible de borrar en
tu esfera secreta.
Menguará solito cada vez que te visite y respire en tu
oreja con sus cuernos.
Déjalo ahí, déjalo actuar sin Jung, y tu psique dejará
ir a esa sonrisa de madera podrida.
¡Te asusta, pero nunca llegará a diez repetirse el
recuerdo de Asmodeo, Lilith o el tuyo!
Se abren tus ojos y rechazas con ahínco ese horror
usando la razón o tocando tu rosario…
Tu vida por estas veinticuatro horas será lúcida y
amorosa.
Eres bueno.
Abre la puerta y camina hacia tu piano…
Franz Alberto Merino Dávila
2026














